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El debate y los 70 días de campaña

Contracorriente

El debate y los 70 días de campaña

Canadian debate

Por Fernando Torres M.

Fernando Torres

Fernando Torres

Acostumbrado a las obscenidades del juego político en el tercer mundo, el primer encuentro de candidatos de hace unos días en Canadá me ha parecido insípido y desabrido. A los diez minutos uno podía pronosticar que el debate sería una exposición aburrida de planes para combatir el relego económico, la reforma del Senado y la unidad del país. Provocaba saltarse al Netflix, pero la campaña es tan corta que los debates en estos 70 próximos días se convertirán en la única oportunidad para aclarar la pregunta de quién es realmente el rival de Stephen Harper.

Al gobierno Conservador lo han calificado de vulnerador de derechos fundamentales. La aprobación del Proyecto de Ley Anti terrorista C-51 hace algunas semanas extendió las facultades de policías y militares para combatir actividades que pongan en riesgo la seguridad del país. Algunos mencionan que esta extensión de prerrogativas colisiona con la Carta de Derechos y Libertades del país. Por eso nadie entiende por qué Justin Trudeau desperdició la oportunidad de consolidarse en el líder de la oposición al apoyar la aprobación de dicho proyecto, el cual había sido condenado por los Liberales desde su primera discusión en la Asamblea. A Trudeau se le percibe como un candidato ligero e incapaz de asumir la responsabilidad del manejo del Estado. Pese a que en la última presentación mostró una imagen agresiva, los próximos debates no bastarán para corregir el error de haber secundado una legislación vulneradora de derechos. Y si ese es el talón de Aquiles Liberal, los Nuevos Demócratas tampoco tienen el camino muy cómodo. Mulcair tiene importantes intereses que defender en Quebec – y eso lo hace muy bien – ¿pero cómo hará para conciliarlos en la agenda de todos los canadienses? El líder del Bloc Quebecois, Gilles Duceppe, ha señalado que Mulcair dice una cosa en la provincia y otra en el resto del país. Además, cómo olvidar lo revelado por la revista Macleans hace unos días respecto a los 300,000 dólares solicitados para convertirse en asesor medio ambiental del partido Conservador. A Mulcair, los debates en inglés y francés en el transcurso de estos 70 días no le van a alcanzar.

Lamentablemente, en el debate no hubo alternativas de solución a uno de los problemas más graves que arrastra el país: La reconciliación con los Indígenas. Hay que tener una mente macabra para hacer coincidir, en el mismo año, la promulgación del Informe de la Comisión de la Verdad y las Elecciones Federales. La cobertura que brindan los medios al proceso electoral termina minimizando la corriente de opinión forjada en torno a los caminos comunes entre First Nations y el resto de la sociedad. La elección ha frenado ese debate y probablemente lo haya condenado, una vez más, al olvido.

Con todo, las elecciones en Canadá me siguen pareciendo aburridas. No son una fiesta a la usanza Latinoamericana en donde, de la noche a la mañana, todo vuelve a foja cero. En estos 70 días los 4 candidatos tienen el deber de incorporar al debate nuevos temas que reflejen las necesidades de una sociedad multicultural del primer mundo. El reto esta vez será motivar al ciudadano promedio a ejercer un derecho ciudadano que, a juzgar por el número de electores de proceso en proceso, cada vez importa menos.