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EL PODER DE LA INTENCIÓN Y LA ACCIÓN

La Tertulia

EL PODER DE LA INTENCIÓN Y LA ACCIÓN

Juan C. Carranza U.

Tratando de hacer memoria e intentando recordar algunos de los artículos que he escrito para este prestigioso medio de comunicación escrita, me viene a la memoria el hecho de que para el otoño del año dos mil diez (2010) y más exactamente en la edición 09 de Sin Fronteras, los estaba invitando, a ustedes apreciados lectores, a que aprendiéramos del ave insignia de los Estados Unidos, el águila calva y, que al observar más al reino animal, más me convencía de que los animales en la Tierra en verdad somos los que nos denominamos humanos o racionales.

Pues para esta ocasión es mi intención retomar otra de las infinitas enseñanzas que tenemos que aprender de los animales y en especial del águila, cualquiera que sea su especie, raza o clase.

Cuenta la historia que en una ocasión hubo un campesino que fue al bosque a atrapar un pájaro con el propósito de tenerlo cautivo en su casa, consiguiendo en su propósito, atrapar el pichón de un águila. Luego lo colocó en un gallinero, junto con las gallinas.

Al pasar el tiempo el pichón de águila, comía maíz, granza y la ración propia de las aves de corral, aunque el águila fuera el Rey o la Reina de todas las aves.

Al pasar cinco años, el campesino recibió en su casa la visita de un naturalista amigo. Mientras pasaban por el jardín viendo los huertos, las flores y los animales de la casa entre estos las gallinas, el naturalista dijo al campesino:

¿Qué estás haciendo con esa ave que está allí entre las gallinas? Es un águila, no es una gallina, no puedes matar su grandeza!!!

-De hecho, dijo el campesino – si, es un águila, pero yo lo crié como gallina, quería comprobarme a mí mismo que si somos influenciados por nuestro entorno, tomamos la forma de él, te puedo asegurar que ya no es un águila. Se transformó en gallina como las otras, a pesar de tener las alas de casi tres metros de extensión.

No, no – insistió el campesino -. Ella se convirtió en gallina y jamás volará como águila.

Entonces, decidieron hacer una prueba. El naturista tomó el águila, la levantó bien en alto y, desafiándola le dijo: Ya que eres de hecho un águila, ya que perteneces al cielo y no a la tierra, ¡abre tus alas y vuela!

El águila se posó sobre el brazo extendido del naturista. Miraba distraídamente alrededor, vio a las gallinas allá abajo, picoteando granos y saltó junto a ellas.

El campesino, riéndose comentó:

Yo te dije, ¡ella se convirtió en una simple gallina!

No, insistió el naturista, ella es un águila. Y un águila será siempre un águila, mañana voy a demostrarte que todos podemos cambiar si nos muestran el camino correcto.

Al día siguiente el naturista subió con el águila al techo de la casa. Y le susurro:

¡Águila, ya que eres un águila, abre tus alas y vuela!

Pero cuando el águila vio allá abajo a las gallinas, picoteando el suelo, saltó y fue junto a ellas.

El campesino sonrió y volvió a la carga:

Yo te había dicho, ¡ella se convirtió en gallina! Jaja, ves que si somos influenciados diariamente con información, tomamos su forma…

No, respondió firmemente el naturista. Ella es águila, poseerá siempre un corazón de águila. Vamos a experimentar todavía una última vez, mañana la haré volar.

Al día siguiente, el naturalista y el campesino se levantaron bien temprano. Tomaron el águila y la llevaron fuera del pueblo, lejos del gallinero, lejos de las casas de los hombres, en lo alto de una montaña. El sol naciente doraba los picos de las montañas. El naturalista levantó el águila al cielo y le ordenó:

¡Águila, ya que eres un águila, ya que perteneces al cielo y no a la tierra, abre tus alas y vuela!

El águila miró alrededor. Temblaba como si experimentase una nueva vida. Pero no voló. Entonces, el naturalista la tomó firmemente, poniéndola en dirección al sol, para que sus ojos pudiesen llenarse de la claridad solar y de la vastedad del horizonte. En ese momento, ella abrió sus potentes alas, graznó con el típico sonido de las águilas y se levantó, soberana, sobre sí misma.

Y comenzó a volar, a volar hacia lo alto, a volar cada vez más alto. Voló… Voló hasta confundirse con el azul del firmamento.

Ahora mi apreciado lector, me gustaría que te cuestiones a cerca de: ¿Cuántas veces has sentido que tienes mucho más para dar?

¿Qué eso que tú piensas que eres, no es en realidad todo y que hay un ser maravilloso dentro de ti esperando a salir volando tan alto como el águila?

¡Tú eres y siempre serás un ganador, un triunfador!

Tu lugar en la tierra es de grandeza absoluta y no el de estar picoteando migajas en un gallinero.

¿Entonces, por qué te cuesta tanto creerlo, comprenderlo o asumirlo?

¿Por qué saboteamos siempre nuestros logros?

La cuestión, el problema, radica en la información que traemos en la mente, específicamente en el subconsciente y en lo que toda una vida rodeada de “gallinas” nos han hecho creer.

Te invito a que pongas en consideración el hecho de abandonar tus creencias limitantes y negativas, llámense, políticas, culturales o religiosas y te eches al vuelo alto de vivir la vida que te pertenece, vuela, aprende a ser responsable de tu vida y esa responsabilidad es lo único que te dará la libertad.

Un abrazo!!!

juanccarranzau@gmail.com