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“EL SÍNDROME DE LA RANA HERVIDA”

La Tertulia

“EL SÍNDROME DE LA RANA HERVIDA”

Juan C. Carranza U.

El día de hoy quiero aprovechar las ventajas que nos dan las fábulas, las parábolas, las historias, los símbolos, para explicar, “enseñar” y transmitir ideas. Voy a referirme a la alegoría que al parecer fue tratada por vez primera en el libro de Marty Rubin “The Boiled Frog Syndrome – a novel of love, sex and politics”, publicado en 1987, luego en el libro “The Boiled Frog Syndrome – Your Health and the Built Enviroment” escrito por Thomas Saunders en el 2002 y al parecer catapultada por el escritor Oliver Clerc en su libro “Invaluable Lessons From a Frog – Seven Life Enhancing Metaphors” en inglés y, en español: “La rana que no sabía que estaba hervida… Y otras lecciones de vida” publicado en el 2005.

Y dice así la alegoría:

“Imaginen una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento. Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable, y sigue nadando. La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero ella no se inquieta y además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia.

Ahora el agua está caliente de verdad. A la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más. Así, la temperatura del agua sigue subiendo poco a poco, nunca se una manera acelerada, hasta el momento en que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo para salir de la cazuela. Si la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua a cincuenta grados, ella se habría puesto a salvo de un enérgico salto.”

Dice Oliver Clerc: “Es un experimento rico en enseñanzas. Nos demuestra que un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción, ni oposición, ni rebeldía”

Y con base en lo expuesto por el señor Oliver, podemos darnos cuenta que la gran mayoría de los seres humanos, por no decir TODOS; con el pasar de los años, terminamos siendo unas ranas perfectas.

Iniciamos el proceso de un niño que inicia con su original inocencia hasta llegar a ser un adicto a las drogas, un asesino en serie, un terrorista, un violador, etc. ¿Qué ha pasado? No nos podemos imaginar que ese niño a quién muchos consintieron y le dieron besitos y jugaron con él con cariño y ternura en sus inicios como ser humano, de un momento a otro y de la nada se haya convertido en un ser tan abominable, sin escrúpulos ni sentidos. Ese niño ha sufrido una serie de cambios y una degradación progresiva, probablemente imperceptible, pero de resultados espeluznantes y ha llegado allá tal vez sin ser consciente o creyendo que lo que ha, o está haciendo es correcto.

De igual manera nos ocurre con el amor de pareja y en sí en las relaciones con las amistades, inicia con una intensidad, una pasión y una dicha tan maravillosa y con el tiempo se va transformando en un deterioro del amor inicial; poquito a poco, detalle a detalle, se va desvaneciendo ese encanto, esa maravilla, esa pasión, hasta desaparecer y terminar en ocasiones en situaciones lamentables de violencia y falta de respeto entre las partes. Es probable que cuando el agua hierve en la cacerola del amor, ya haya pasado por los diferentes puntos de ebullición, como por ejemplo: silencios, displicencias, rencores, incomprensiones, malas contestaciones, pequeñas agresiones, hasta que ha llegado a los limites del homicidio o de la subyugación grosera, burda y cruel del género femenino en manos del hombre; en contadas ocasiones viceversa y en lo que respecta a las amistades, en un rollo interminable de chismes y calumnias.

De igual manera ocurre en la salud. Con nuestros silencios y la falta de escuchar los síntomas, los gritos, expresiones y manifestaciones del cuerpo material. Éste termina deteriorándose tan lento como invisible y seguro. El deterioro en la salud no es solo el producto de una mala dieta, en una mayor medida es el resultado del mal manejo que le damos a las pequeñas circunstancias que a diario decidimos generar en nuestro proceso de vida sin permitirnos asumir la responsabilidad individual por esos hechos; lo que lleva a que como paulatinamente la rana se va cocinando sin darse cuenta creyendo que está muy cómoda, esa misma degradación silenciosa e imperceptible, se va dando en nuestro cuerpo con el deterioro silencioso de nuestra salud y terminamos disfrutándonos un cáncer, un aneurisma cerebral, una ulcera, migrañas, etc. Para ese momento ya estaremos hervidos como la rana y tal vez sea ya demasiado tarde para tomar la decisión de saltar y escuchar las diferentes “temperaturas” que va tomando nuestro existir en este paseo tan maravilloso que es el estar metidos en este cuerpo material.

La falta de reacción se debe a que el deterioro lento y secuencial es casi imperceptible. Por eso debemos estar siempre en situación de alerta. Oliver Clerc nos dice en su obra: “Lo que nos enseña la alegoría de la rana, es que siempre que existe un deterioro lento, tenue, casi imperceptible, tan solo una conciencia muy aguda o una memoria excelente permiten darse cuenta de ello, o bien un patrón de referencia que haga posible valorar el estado de la situación.”

Podríamos utilizar tres soluciones complejas, que no es fácil de ejercitar de forma permanente y efectiva. La primera consiste en ejercitar la conciencia, sin la cual estaremos dormidos en el sentido estricto o figurado. La segunda es el ejercicio de la memoria. Sin memoria no hay comparación, no hay discernimiento. La tercera es la utilización de termómetros referenciales. La rana que está sumergida en el agua carece de un patrón de referencia. ¿Cuáles son los criterios en los que basamos nuestra salud emocional, nuestro clima ético, nuestra salud física? Pobre rana. Inconsciente, amnésica y embotada, no le queda más que esperar la cocción. Pobres nosotros si perdemos la capacidad de reacción ante el deterioro paulatino, imperceptible e implacable de los hechos que conllevan el estar metidos dentro de estos frágiles cuerpecitos y estas mentes y sentidos colmados de egos.

juanccarranzau@gmail.com

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