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La Comunidad Latina

Contracorriente

La Comunidad Latina

No latinos, no tacos

Por Fernando Torres

Fernando Torres

Fernando Torres

Latinoamérica no se entiende. Es decir, es difícil comprender su naturaleza desde su suelo en el sur. Para aproximarse a aquella realidad es indispensable mirarla en perspectiva desde fuera y con ojo desapasionado que le permita al observador reconocer sus fortalezas y, a la vez, sus enormes contradicciones. Y esa es la ventaja de quienes la miramos con nostalgia desde el exilio político o el autoexilio personal, porque de a pocos empezamos a entenderla, en un ejercicio imposible desde ese suelo rico y golpeado de nuestros países. Vargas Llosa dice siempre que conoció a Latinoamérica desde París en los sesenta. Eso confirma la necesidad natural del inmigrante de confirmar su origen y relacionarse con otros que hablen su misma lengua y que, por lo menos en principio, comparten similares valores, miedos, prejuicios y pasiones. La inmigración es una posibilidad enorme que nos permite conocer el pasado y presente de nuestros pueblos debido a la fuerza de la vecindad de quienes terminamos viviendo en el exterior, conformando lo que algunos llaman una Comunidad Latina que a veces, siento que no existe.

Hace poco me invitaron a participar en un conversatorio sobre la “Comunidad” y desde ese día solo he pensado que podría tratarse de una jornada de venta de pupusas o una clase gigante de Zumba-Salsa. Y como seguramente estoy equivocado, me interesa escudriñar el significado de tamaña definición y entender lo que podríamos hacer los latinos para consolidarla, en el supuesto – claro está- que realmente exista.

Creo que para ser parte de la comunidad es indispensable entender que las fronteras que separan nuestros países son construcciones mentirosas que empezaron en el siglo XIX y que se consolidaron por obra y gracia de los gobiernos republicanos que estimularon esa desgracia llamada nacionalismo, una de las principales causas de nuestro subdesarrollo. Insistir en la supremacía de esta o de otra cultura, de tal o cual régimen al interior de nuestra región es persistir en el error. Esta dogmática nacionalista es la que se opone, por ejemplo, al crecimiento económico, a la inversión aun cuando el principal problema no sea el capital extranjero sino el manejo corrupto del dinero que entra al país por parte de cualquier empresa extranjera. Para ser parte de la “comunidad”, las diferencias “sociales” entre aquellos que han tenido acceso a la educación y a las ventajas de la vida occidental y los menos favorecidos, no deberían subsistir. Solo para mirar al vecino, fíjense lo obsceno del sistema de castas de la India enraizado y vigente en Canadá. Me indigna que las clases sociales, el prejuicio y las diferencias por el apellido se hayan trasladado de América Latina a Vancouver. Para ser parte de la Comunidad hay que entender que no es la Salsa o la Bachata el principal aporte de Latino América, sino el mestizaje. No se puede renunciar a esa diversidad cultural que nos hace diferentes entre otros diferentes. Cuál es entonces la identidad de la Comunidad Latina? No lo sé. Creo, sin embargo, que es una pérdida de tiempo intentar definirla porque las colectividades carecen de características propias atribuibles solo a personas. Pierden el tiempo aquellos que tratan de presentarla como un continente plenamente indígena, socialista, revolucionario o lo que quieran nombrar, porque es también cristiana, moderna, occidental, capitalista, rica, pobre, Messi y Los Van Van. Hay un talento Latino oculto y no contactado en esta ciudad, justamente porque prefieren mantenerse al margen de las taras y prejuicios que se expresan claramente, que discrimina y rechaza al pobre, al menos educado, al campesino. A los no contactados los justifico y apoyo.

La riqueza de nuestra comunidad es ser muchas cosas a la vez pero es sobre todo la elegancia con que paseamos nuestro idioma. Tenemos la fortuna de hablar la misma lengua y sin embargo, la expresamos a escondidas, con reparo y a veces vergüenza. Ser parte de la comunidad es abrazar el idioma, hablarlo correctamente, enseñarlo, conversarlo en el tren y en el playground. No esconda su periódico en el bus.

Mi mirada de América Latina, ha pasado del pesimismo al optimismo y otra vez al pesimismo, en lapsos que oscilan cada 4 o 5 años y que coinciden con los cambios de gobiernos en la región. Cuando me siento así, regreso a los escritos del cronista español León Pinelo, quien aseguró que el paraíso terrenal estaba en América Latina.