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El costo político de las malas decisiones

EDITORIAL

El costo político de las malas decisiones

Contra viento y marea el gobierno que preside Juan Manuel Santos, vendió una de las empresas estatales insignias del país, como lo era la empresa generadora de energía Isagen, una de las más grandes del país y la que generaba un 16% del total de energía que consumen los colombianos.

Esta empresa, que fue creada precisamente en 1995, después del drástico racionamiento de energía que sufrimos los colombianos durante el gobierno del entonces presidente Cesar Gaviria, entró a suplir las necesidades energéticas del país, y hoy por hoy le transfería a la Nación -por cuenta de la repartición de utilidades- un promedio de 200 mil millones de pesos anuales, y cuentan entre su patrimonio con 6 hidroeléctricas y más de 23 mil hectáreas de bosques naturales y espejos de agua.

A pesar de estas cifras, y haciendo caso omiso a más del 90 por ciento de los colombianos que nos oponíamos a que se vendiera esta empresa estatal, el gobierno puso en manos de una empresa canadiense la suerte de los colombianos en materia energética si se tiene en cuenta que dicha entidad tiene influencia en cuatro importantes departamentos del país, es la segunda empresa generadora de Colombia y la única con capacidad de evitar un apagón como el que se vivió en el tristemente célebre gobierno de Gaviria.

Así el presidente Santos y su ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, consideren que haber vendido la participación que tenía el Estado en Isagen, que era del 57.6 por ciento a la empresa Brookfield Asset Managment a través de su subsidiaria Brookfield Colombian Investments LP, por un total de 6,48 billones de pesos, (Aproximadamente 1,800 millones de dólares) haya sido el negocio del siglo, la verdad hay que decirla, y es que es muy dudosa esa transacción teniendo en cuenta que si supuestamente era una venta de subasta ¿por qué se le vendió al único postor? y ¿cuál fue la premura de venderla si habían dos empresas más interesadas en el negocio? Dicho de otra manera, este ha sido el mayor regalo de reyes que han podido tener los canadienses.

Según el gobierno colombiano, este dinero se necesita para ser invertido en el mejoramiento de la infraestructura nacional y en la construcción de vías de Cuarta Generación (vías 4G), pero es necesario aclarar que si el gobierno estuviera pensando en esa inversión no habría malgastado los 2 billones de pesos que ha derrochado en las promociones de la negociación con las Farc en la Habana y dándoles “mermelada” (prebendas) a los medios de comunicación que apoyan sus políticas de paz, ya sea por familiaridad o por interés económico.

De la manera que Juan Manuel Santos, quiere conseguir la paz, ¿quién garantiza que verdaderamente estos 6,48 billones de pesos serán destinados en construir la infraestructura que necesita el país? Así como se vislumbra el panorama, estos dineros serán utilizados como plata de bolsillo para seguir vendiéndonos a los colombianos y al mundo entero, las bondades de la negociación que se lleva a cabo con la guerrilla de las Farc en La Habana.

Así no lo quiera Juan Manuel Santos, haber vendido caprichosamente la empresa Isagen, sin el consentimiento de la mayoría de los colombianos generará un costo político y este, a no dudarlo será asumido en principio, por el plebiscito por la paz al cual se le augura poca suerte, seguido de las campañas presidenciales a las que aspiran el vicepresidente German Vargas Lleras y Mauricio Cárdenas.

Lleras, por haber respaldado incondicionalmente con su partido -Cambio Radical- la venta de Isagen y Mauricio Cárdenas, porque es el ministro más odiado del gobierno actual, no solo por ser el cerebro de la reforma tributaria que pondrá a pagar más impuestos a los colombianos, sino por ser la persona que descartó las opciones distintas a la venta de la empresa generadora de energía.

Queda en manos del Ministerio Publico, adelantar las respectivas investigaciones que determinen si con la venta de Isagen, se cometió un posible detrimento patrimonial y en caso contrario velar porque los recursos recibidos por esta venta, verdaderamente se van a invertir en mejorar la infraestructura vial del país. Lo único cierto de todo, es que con la venta de Isagen el gobierno de Juan Manuel Santos, dejó en manos de particulares la soberanía energética nacional, precisamente en momentos que el sector energético colombiano atraviesa la peor crisis de los últimos años como consecuencia del fenómeno “El Niño”.